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Ago 31 2026

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Dejá de explicar:¡Tu exceso de paciencia está destruyendo tus límites!

Por: Romina Luques Abogada ..Consultora en Psicología. Conferencista, Especialista en Autoconocimiento y Heridas de la Infancia

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Romina Luques

Romina Luques

La sobreexplicación no es empatía: es un mecanismo de defensa. Si tenés que repetir un “no” una y otra vez, el problema ya no es que el otro no entienda, sino que tu boca dice basta mientras tu cuerpo sigue presente en el marco de la puerta.

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“Romi, le expliqué pero no entiende”. Es la frase que más escucho en consultorio y también la que casi nadie se anima a mirar de cerca: ¿por qué explicás dos, tres, cinco veces algo que ya dijiste una sola vez?

 No des explicaciones

Imaginate esta escena. Estás con alguien que hace algo que no te gusta y se lo decís. La persona sigue. Se lo volvés a decir, esta vez con más detalle y paciencia. Sigue. Entonces subís el tono y quirúrgicamente buscás las palabras exactas para que por fin entienda… y ahí te quedás. Esperando a que haga lo que pediste mientras por dentro se te acumulan el cansancio, la bronca y una ira latente.

Lo digas como lo digas, no entiende, ¿verdad?

El click no llega cuando encontrás la frase perfecta: llega cuando te das cuenta de que llevás rato parada ahí, disponible, explicando por quinta vez algo que ya explicaste. Tu presencia es exactamente lo que hace que la otra persona no tenga que cambiar nada. Si leíste bien: eso le funciona porque seguís ahí. Le estás regalando tu atención a través de cada explicación, y solo le explicamos a las personas que nos importan.

 

Tu cuerpo reacciona antes que tu cabeza: una tensión que sube, las ganas de irte de la escena que no te permitís tener porque nos enseñaron que “hay que hablarlo”, y el peso de sostener una conversación que terminó hace rato.

 

Poner un límite no es encontrar las palabras mágicas. Es aprender a dejar de estar disponible para lo que ya dijiste que no querés. Las palabras se acumulan en la cabeza de la otra persona, pero si vos seguís ahí, no hay coherencia entre lo que decís y lo que hacés. Tu cuerpo sigue diciendo que sí aunque tu boca diga que no. Le advertís que te vas a ir, pero no lo hacés.

 

Acá está el giro de tu vida, los dos pasos que creé en consultorio: poner límites no empieza en el otro, empieza en vos y tiene dos movimientos.

El primero es aprender a decir que no. Sinceramente, nos cuesta mucho porque no es solo decirlo, sino lo que se activa cuando lo pronunciamos: el miedo a perder amor, atención o reconocimiento. Es un trabajo interior enorme llegar a expresar esas dos letras.

 

Pero hay otro movimiento que lo cambia todo. El segundo, el que nadie te cuenta, es aprender a retirarte. Decir basta sin moverte del lugar es como cerrar una puerta y quedarte parada justo en el marco. El límite se completa cuando el “no” se repliega en el cuerpo y salís de la escena. Porque, en realidad, quien comprende que eso ya no está alineado a su vida sos vos. Ahí emerge la coherencia entre lo que pensás, sentís y hacés.

 

Y hay algo más debajo de todo esto: si te cuesta tanto moverte del lugar, probablemente sea un mecanismo aprendido en la infancia. Lo que sentís cuando me estás leyendo es información valiosísima para llevar a tu espacio de terapia, ya que en algún momento interpretaste que estar siempre disponible y sostener al otro era la condición para ser amada; tu sistema comprendió erróneamente que explicar es tu manera de ser vista.

 

En consultorio lo veo todos los días y hoy te confieso dos cosas desde el corazón:

La primera, que esto que te cuento lo atravesé en mi propia vida. Si bien lo trabajé con amor y respeto, fue prueba, error y aprendizaje. Hoy te lo traigo a vos simple, pero difícil de aplicar; por eso la terapia es solo para valientes.

La segunda, que nadie viene a rescatarte de la escena donde no querés estar. Te rescatás vos misma el día que el “no” deja de ser una discusión y se convierte en un acto de libertad.

 

Instagram: @rominaluquesterapia4.2

Contacto: +54 9 221 6793068

+100 procesos de la dependencia a la libertad real

 

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